dos mil vuit

Esto no fue un autoretrato.
Fue la sangre que me ardía por las venas.
Que me punzaba sin que yo me lo creyera.

Era verde, azul, rosa, rojo,
y de repente, sin luces,
todo se había desmoronado.

Toda mi vida derrumbándose en mis manos
todos mis planes destrozados,
todas mis sonrisas estuvieron olvidadas
en un cajón que estuvo con la llave echada.

 

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