Solitarios. II

“BUT NOW THERE’S NOOOOOOOO WAY TO HIDE SINCE YOU PUSHED MY HEART ASIDE I’M OUTTA MY HEAD HOPELESSELY DEVOTED TO YOU HOPELESSELY DEVOTED TO YOU HOPELESSELY DEVOTED TO YOU…”

“BUT NOW THERE’S NOOOOOOOO WAY TO HIDE SINCE YOU PUSHED MY HEART ASIDE I’M OUTTA MY HEAD HOPELESSELY DEVOTED TO YOU HOPELESSELY DEVOTED TO YOU HOPELESSELY DEVOTED TO YOU…”

“BUT NOW THERE’S NOOOOOOOO WAY TO HIDE SINCE YOU PUSHED MY HEART ASIDE I’M OUTTA MY HEAD HOPELESSELY DEVOTED TO YOU HOPELESSELY DEVOTED TO YOU HOPELESSELY DEVOTED TO YOU…”

-¡¡Eh Marina!! ¡¡¡Apaga ese móvil de una vez!!!

-Mierda, mierda, mierda, lo siento… Es la alarma… Siempre se me olvida quitarla los fines de semana… Lo siento, lo siento… ya está.

“Cojones. No entiendo porque ha sonado la alarma con esta canción, la cambié hace tanto tiempo… Ahora Jaume me tendrá cruzada todo el día y yo deprimida una semana… Y todo porque nunca recuerdo quitar la alarma los sábados… Y encima con esa canción, precisamente esta… No podía ser el “te está sonando el teléfono”, no… Todo porque es Carla quien la cantaba… Carla… ¡Joder! Mañana la cambio, mañana sí. ¡Que no se me olvide! ¿Dónde debe estar Carla?”

“Mierda. Ya se podría haber cambiado la alarma Marina. Ahora que empezaba a no pensar en ello. Se fue tan de golpe. Hace prácticamente un año que no sabemos nada de ella. Típico su cruce de cables. Como teníamos que saber que llegaría tan lejos. ¡¡Es que no lo entiendo!!” Parecía tan feliz. ¿Qué se le ha perdido a ella en Senegal? Si no sabe ni hablar francés. Encima la muy cerda lo tenía todo pensado des de hacía un mes mínimo antes de que se fuera. Las vacunas no se pueden hacer más tarde… A traición, lo hizo a traición. No nos dio ninguna oportunidad de convencerla para que se quedara. No, tenía que montar su numerito de irse de un día para otro para hacer brillar su ausencia. Sin despedidas por favor. ¿Y qué quieres, diciéndolo de un día para otro? Y encima yo que soy su mejor amigo y confidente me tengo que enterar porque me lo explica Marina. Espero que se ponga en contacto con nosotros algún día y nos dé una explicación, porque tiene cojones la cosa…”

“Hecho tanto de menos sus ojos… Más que sus ojos… Como me hacían sentir segura estando a su lado. Me miraba y sentía que la tenía ahí. Vigilando mi sueño y mi respiración, como para comprobar que no dejara de hacerlo nunca. Me miraban sus ojos y decían mi nombre… Marina… Marina… déjame darte un beso… Yo la miraba y con el brillo de mis ojos le contestaba que sí. Y sólo tenía que dar un paso para atraerme hacía los imanes que tenia por labios y me abandonaba a la ola de perfección, suavidad e intensidad en que todo se convertía en ese momento. Olvidaba el mundo, fuera dónde fuera, y cuando partíamos nuestra alma en dos tenía que mirar a mi alrededor para recordar dónde estaba, dónde iba, que hacía y a veces hasta que día era y el porqué del mundo.

Y que ojos más bonitos el día que me dejó, grandes, abiertos, sinceros del puro amor que había dejado de sentir, de ese color verde cenizo tan triste que hacía que su alegría constante fuese más exultante. Me miraba fijamente y no hubiesen hecho falta palabras, por qué nos entendíamos. Pero las hubo. Porque aunque lo leía en sus ojos no me lo quise creer. Si no fuera porque el momento era tan delicado le hubiese hecho una foto para recordarla siempre tan hermosa. Ella me estaba dejando y la escuchaba. Y al mismo tiempo solo podía pensar en la maravilla de mujer que tenía delante, en que quería inmortalizar aquella imagen. Una belleza triste, cruda, sinceramente preocupada por mí. Y yo que sólo podía mirar sus ojos. Como no podía sacar la cámara de fotos la seguí mirando y escuchando, pero sobretodo mirando porque sabiendo ya lo que me diría… Y la admiré, hasta que grave aquella imagen con tanta tristeza y tanta grandeza a la vez en cada una de mis retinas, en cada ventrículo y cada aurícula de mi corazón. Porque así mi sangre, mi vida, todo, pasaría a tener por siempre su imagen y semejanza.”

“Me estoy meando. Hostia de alarma. Tengo que echar a toda esta gente. Y más a ese pesado que no dejaba de hablar de la Sandra esa… Que es como si la hubiese parido… ¡¡hombre!!”

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